La administración de una dieta adecuada a la edad, actividad y estado de nuestro buen amigo es, sin lugar a dudas, un camino seguro hacia la salud.

Las comidas caseras, las "mezclas maravillosas" utilizadas durante largos años de convivencia entre el hombre y el perro, han sido prácticamente desterradas como opción, tanto por los profesionales como por una gran mayoría de propietarios.

La elección de una dieta comercial de alta calidad nos asegurará que el organismo del animal dispondrá de todos los recursos para defenderse de agresiones externas; una buena alimentación proveerá al animal de todos los elementos necesarios para que ningún aparato o sistema orgánico disminuya en su rendimiento o presente el menor atisbo de problema.

Pero por desgracia, algo tan simple como es la elección de un alimento de calidad y adecuado a nuestro animal, sigue sin cumplirse: "picoteos", sobras de nuestras comidas, alimentos comerciales baratos o inadecuados... múltiples fallos que ponen a prueba diariamente la salud del animal; estas inadecuadas actuaciones, si se mantienen en el tiempo, provocarán un importante desequilibrio de nutrientes: excesos de energía y proteínas, deficiencia de vitaminas... ¡¡un desastre!!.

Nuestra buena intención, nuestro cariño mal entendido, separa a nuestro animal de un óptimo estado de salud y es el origen de innumerables problemas... ¡¡si sólo le doy una cucharadita...!!, ¡¡para que le dé sabor!!... ¿cómo va a comerse esas bolas solas, sin mezclárselas con algo que "las anime"...?

Pues sí. Nuestra buena intención, nuestro intento de asimilar aún más a nuestro amigo a nosotros mismos, aunque sea por la vía digestiva, provoca problemas: desequilibrios dietéticos, alteraciones en los balances nutricionales... ¿qué es eso?... ¡¡muy sencillo!!: que si el perro debe comer "X" de proteína al día dándole una cantidad determinada de alimento comercial, y le añadimos un trozo de filete a su ración diaria, estará comiendo "X" de proteína del alimento comercial + "X" de proteína del filete. Y eso no es lo correcto... es evidente que el resultado de la operación es bien distinto en uno y otro caso... por más cariño que le pongamos... ¡¡ así no salen las cuentas!!

OBESIDAD!!!

Como casi todas las malas costumbres de nuestro animal de compañía, el ser un individuo casi obsesionado por el alimento, no surge de forma espontánea, es el lógico y patológico desenlace tras una serie de incorrectas actuaciones de manejo del propietario.

La fijación adquirida hacia el alimento tiene como consecuencia múltiples problemas: robos, perro basurero (el animal se mete en la boca todo lo que encuentra a su alcance), patologías digestivas por ingestión de productos en mal estado... y la inevitable obesidad como consecuencia de una mayor entrada de alimento de la necesaria para el desarrollo de una vida normal.

¿ESTÁ REALMENTE GORDO?

Podemos considerar obeso a todo aquel animal cuyo peso sobrepasa un 15% del ideal. En nuestra sociedad, entre un 30 y un 50% de perros y entre un 15 y un 30% de gatos, son obesos. Lo más curioso, es que la obesidad de nuestras mascotas es muchísimo más frecuente si los propietarios también presentan este exceso de peso; hasta cierto punto es lógico pues propietario y animal hacen menos ejercicio, el dueño come más de lo debido y "solidariza" a su mascota en sus excesos a base de comida cocinada, mayor cantidad de comida específica del animal, todo tipo de chucherías...

La posibilidad de que nuestra mascota padezca obesidad aumenta con la edad, y se presenta más comúnmente en las hembras que en los machos. También existen razas más predispuestas: Labrador, Cairn Terrier, Cocker Spaniel, Teckel, Basset Hound...

A todos nos cuesta reconocer que nuestro animal no esta fuerte, sino gordo, y gracias a este no querer ver la realidad, nuestro animal seguirá su tendencia, su peligrosa tendencia de seguir comiendo sin freno, acumulando kilos en su organismo y haciendo un peligroso acopio de graves patologías.

Como siempre, el veterinario será la persona que debe abrirnos los ojos; él será el que tras observar el estado del animal, comentar el sistema de alimentación y pesarlo, decidirá el plan a seguir.

Pero... para irnos mentalizando, daremos unos datos para evaluar el estado "de carnes" de nuestro buen amigo:

- Consultar el peso ideal de su raza (si la tiene).

- Palpar sus costillas: deben notarse al pasar la mano con suavidad; si no las notamos... ¡malo!

- No debe presentar "carnes colgantes" en su abdomen.

Si creemos que nuestro animal esta gordo, acudamos al veterinario, con él plantearemos el plan a seguir para reducir el peso de nuestro mejor amigo, dicho plan constara de los siguientes puntos:

- Cooperación absoluta (imprescindible) del propietario.

- Evaluar la salud del paciente para confirmar o descartar posibles patologías que favorezcan la obesidad.

- Pesar al animal y evaluar su peso ideal.

- Establecer unos objetivos para la reducción del peso (cuantos kilos y en cuanto tiempo).

- Reducir el ingreso calórico:

· Disminuir la cantidad del alimento habitual.

· Utilizar dietas de adelgazamiento.

- Alimentar varias veces al día (la cantidad establecida por día se reparte en tres o cuatro tomas).

- Mantener al animal alejado de las zonas de comedor y cocina cuando se coma o cocine.

- Ejercicio adecuado a las características del animal (de menor a mayor intensidad).

- Reconocimiento y pesaje del animal cada dos semanas (aproximadamente).

PERRO "OBESO"

Un perro comerá gran cantidad de alimento siempre y cuando disponga de esa posibilidad... por el momento no se conoce ningún ejemplar con la capacidad de ir a la compra y servirse la cantidad que le apetezca. Los excesos alimentarios y la consiguiente obesidad, vienen dados por los siguientes comportamientos del propietario:

- Alimentar a libre disposición a aquellos animales que comen con mucha rapidez o que no controlan su límite.

- Complementar la dosis diaria de alimento con sobras de nuestra comida o con añadidos alimentarios de dudosa eficacia y gran perjuicio.

- Utilización de alimentos inadecuados para la edad, estado o actividad de nuestra mascota.

Las soluciones a estos frecuentes errores son sencillas:

- Controlar la cantidad de alimento diario.

- No complementar el alimento con comida casera, sobras...

- Utilizar un alimento adecuado para la edad, estado y actividad de nuestra mascota.